Han pasado 13 años desde que Carlos me dejó. Con el tiempo me di cuenta de que fue un pololo no más, incluso el con que menos he durado, pero puta que fue intenso. Me encandilaron tantas cosas superficiales de esa relación que pasé por alto todo lo malo, que era bastante. Después tuve aproximadamente mil pololos. Supongo que no sé estar sola, aunque a ratos pienso que es muy fácil pololear conmigo y por eso todo el mundo termina gastando parte de su vida a mi lado. Tuve pololos con los que la pasé mucho peor y los quise hasta gastarme todo el alma. Carlos no es especialmente memorable y ha pasado tanto tiempo que ya me da un poco de risa recordar cómo me paseaba por su barrio llorando después de que me pateara. O de cuando le hice unos queques (que inicialmente eran galletas) y se los fui a dejar al trabajo para que no terminara conmigo por habérmelo cagado. Él ahora tiene buena pega y se la sigue pasando en eventitos sociales y cosas con gente famosa. En cambio, yo soy secretaria, tengo sobrepeso y acné, sigo depresiva a cagar y tengo ocho cajas de jugo vacías en mi pieza porque me da paja botarlas. Obviamente tengo un pololo, porque estaré en la miseria pero sola jamás. Nos queremos mucho, honestamente lo quiero como nunca había querido antes, diría que lo quiero siete veces más de lo que quise a Carlos, pero a veces tenemos nuestros encontrones, o más bien, desencontrones. Hoy estoy en uno de esos y me siento sola como un dedo (de una mano a la que le han cercenado cuatro), lo suficiente como para acudir a un blog que tenía en mi adolescencia y que a nadie nunca le importó. Me hace bien escribir, ahora escribo distinto, antes me daba color y andaba metida en mi papel de mujer intensa que no es igual a las demás, ahora escribo no más, me da lo mismo, si ya aceptamos por acá que soy igual a todas las otras y que eso no está tan mal. Quizás pase por acá más seguido o quizás sea una publicación huacha en el universo y quede volando junto a un mar de información inútil y recuerdos cibernéticos. En fin, sólo venía a decir lo que siempre he venido a decir: Hoy estoy triste y ociosa.
